EL USO EDUCATIVO DE LAS TIC
Hay una línea argumental respecto al uso educativo
de las TIC que se basa en la necesidad de aprender su manejo, por su
importancia social, económica, etc. Se trata de razones que bien vale la pena
considerar, aunque también se puede criticar un habitual exceso de visión
tecnologista y acrítica. También suele insistirse en el interés que suscitan
las TIC en sí mismas como argumento educativo, para incrementar la motivación
por el aprendizaje. Se puede contestar a ello que no todo el mundo tiene el
mismo interés (aunque sí suele ser atractiva su utilización para niños y
jóvenes) o, con una argumentación más contundente, que la motivación para el
uso de medios tecnológicos no implica una motivación para los aprendizajes
buscados. Aquí no nos centraremos en la enseñanza de las TIC como tal, sino en
su utilización como herramienta para realizar aprendizajes de amplio espectro y
acciones de variada índole.
No es desdeñable, en todo caso, que la institución
escolar utilice medios valorados socialmente y atractivos para el alumnado: es
más, podemos criticar el hecho de que la generalización del uso de medios
tecnológicos en los medios públicos (incluida la escuela) suela llegar después
de su relativa generalización en los hogares, cuando debería ser al revés. Ya
en el presente, cuando una parte del alumnado dispone de ellas en casa, la
utilización de las TIC en los centros escolares por parte de quienes no tienen
acceso a ellas en el ambiente familiar es un elemento de justicia social,
además de valorizar la escuela y lo que en ella se hace ante sectores sociales
alejados del interés académico.
Esto no ha de llevar, lógicamente, a considerar las
TIC como solución principal de los problemas educativos. Tampoco la escuela
debe ser el único medio de socialización informática: es necesario que
la población tenga un acceso a los equipos y un contexto de apoyo a su
utilización fuera de los hogares (elementos de desigualdad y relativo
aislamiento), y eso sólo se puede hacer con múltiples lugares públicos donde
sea posible realizar acciones variadas –y de utilidad real- con los
ordenadores, con las redes telemáticas y con otras personas que tienen
diferentes grados de manejo informático. Las escuelas deben ser uno de esos
lugares, pero no los únicos, y dentro de una filosofía de apertura,
múltiple uso y red social.
Por otro lado, podemos tener ya alguna perspectiva y
estudios sobre el uso de los ordenadores en la escuela, dado que hace ya
algunas décadas que su utilización comenzó, si bien a mucha menor escala y con
unas posibilidades menores. Los usos muy ligados a una concepción conductista
de la educación ("la enseñanza programada") o muy restringidos a
programas concretos fueron pronto criticados desde perspectivas educativas más
coherentes. Aunque no se trata de un enfoque realmente superado, queda poca
necesidad de realizar una crítica teórica, dados sus restrictivos supuestos
pedagógicos y la flexibilidad informática hoy existente. Por el contrario, la
utilización del Logo fue defendida con argumentos propiamente formativos. Por
eso, resultan significativas las afirmaciones de Charles Cook (Crook,
1998): parece que la
transferibilidad de las destrezas conseguidas con Logo no es fácil; en todo
caso, tendría bastante que ver con la participación de los adultos en
la organización e interpretación de la actividad, por lo que "la
historia del Logo nos advierte de las dificultades para generalizar las
experiencias de aprendizaje, en ausencia de unos recursos sociales que
relacionen los contextos" (Crook, 1998, p. 141).
Creemos que esta conclusión tiene una validez más allá del Logo, y no siempre
es tenida en cuenta: muchas veces se tiene la idea de que es la actividad con
el ordenador, por sí misma, la que produce los resultados de aprendizaje.
De forma incluso no
planificada, las TIC se utilizan como instrumentos en la enseñanza y el
aprendizaje, tanto por parte del profesorado, como por parte de alumnado,
fundamentalmente en cuanto a la presentación y búsqueda de información. Más
allá, podemos hablar de que las TIC pueden suponer un salto mayor si se
explotan sus potencialidades de forma más profunda, imaginativa y coherente, de
acuerdo con las posibilidades que permiten. Como dice Judit Minian:
Pensar informáticamente supone
operaciones mentales distintas y por lo tanto una propuesta pedagógica
específica. No se puede pensar que el poder de la tecnología por sí sólo va a
conseguir que los viejos procesos funcionen mejor. Su uso debe servir para que
las organizaciones sean capaces de romper los viejos moldes y creen nuevas
formas de trabajo y funcionamiento.
El planteo debe ser
cómo usar las tecnologías para hacer las cosas que todavía no podemos hacer y
no sólo cómo poder usarlas para mejorar aquéllas que ya hacemos.
(Minian,
1999)
Creemos
que el enfoque principal debe estar relacionado con los objetivos de
relevancia personal y social de los aprendizajes, y apoyado en una
concepción adecuada del ser humano y sus relaciones con otros seres humanos. En
cuanto aporten algo en esta dirección, y creo que sí pueden hacerlo, deben ser
utilizadas, como dice Judit Minian, para mejorar lo que hacemos y, sobre todo,
para hacer lo que no podríamos hacer sin ellas. Otra cosa es que no se deba
caer, obviamente, en hacer con las TIC lo que se hace mejor sin ellas o en
eliminar lo que resulta imprescindible en una educación escolar (el contacto
personal, por ejemplo).
¿Cuáles
son las posibilidades que abren o potencian las TIC en relación con el enfoque
educativo que nos interesa? Si hablamos en un sentido general, ninguna de las
cosas que permiten hacer las más recientes TIC son estrictamente exclusivas de
ellas, pero reducen los frenos (los costos, los tiempos, los esfuerzos...) y
aumentan las posibilidades (cantidad, variabilidad, extensión espacial...), en
muchas ocasiones de forma espectacular, especialmente al incluir el uso de
Internet. Aunque en buena parte se entrecruzan, las analizaremos una por una,
resaltando su posible utilidad educativa. Una aclaración bastante obvia, pero que
no puede dejarse de hacerse, es que no estamos hablando de que las TIC siempre
consigan sacar provecho de estas características: por ejemplo, el decir que las
TIC permiten mayor interactividad que un libro impreso no afirma que las TIC
siempre sean interactivas o que la calidad del contenido sea esencialmente
superior. Cualquier visión mágica o tecnocrática respecto a las TIC ha de
rechazarse por superficial, falaz y, muy a menudo, interesada. No obstante,
estamos de acuerdo con Julio Cabero, el cual, tras criticar el
`fundamentalismo tecnológico´ y las excesivas expectativas de salvación
depositadas en las TIC, sintetiza sus potencialidades (insistimos:
posibles, no necesariamente realizadas):
"posibilidad de crear
entornos multimedia de comunicación, utilizar entornos de comunicación
sincrónicos y asincrónicos y poder, de esta forma, superar las limitaciones
espacio-temporales que la comunicación presencial introduce, deslocalizar la
información de los contextos cercanos, facilitar que los alumnos se conviertan
en constructores de información, construir entornos no lineales sino
hipertextuales de información donde el estudiante en función de sus intereses
construya su recorrido, propiciar la interactividad entre los usuarios del
sistema, actualizar de forma inmediata la información, o favorecer la creación
de entornos colaborativos para el aprendizaje."
(Cabero,
2002)
Posibilidades colaborativas
del uso de las TIC
Aunque
las TIC no son imprescindibles para la colaboración, las posibilidades que las
TIC permiten o facilitan son amplias y sustanciosas. Pueden utilizarse los
ordenadores como soporte de un trabajo o de un aprendizaje colaborativo
presencial, pero cuando existe una distancia física, la conexión telemática se
convierte en prácticamente imprescindible para poder llevar a cabo una
cooperación intensa, fácil y eficaz.
La
colaboración puede ser más o menos sistemática, y apoyada en recursos generales
(el correo electrónico, el procesador de textos, etc.) o en recursos
informáticos específicamente diseñados para la cooperación. En este último
caso, conviene diferenciar entre el trabajo cooperativo apoyado en el ordenador
(suele conocerse como CSCW, Computer Supported Cooperative Work), que no está
orientado al aprendizaje, sino a la obtención de un resultado, y el aprendizaje
colaborativo mediante el ordenador (CSCL, Computer-Supported Collaborative
Learning), cuya finalidad es el aprendizaje. Obviamente, en el trabajo
cooperativo se puede aprender y en el aprendizaje colaborativo se pueden
realizar determinadas producciones, pero la diferencia está en el objetivo
principal que se persigue en cada caso. La siguiente cita nos permite
profundizar un poco más en las semejanzas y diferencias entre CSCW y CSCL:
"CSCW es definido
como un sistema de red basado en computadores que soporta el trabajo en grupo
en una tarea común y provee una interface compartida para que los grupos
trabajen con ella. El aprendizaje colaborativo es definido como un conjunto de
grupos trabajando juntos para lograr un propósito común. Las diferencias entre
CSCL y CSCW son que CSCW tiende a enfocarse en las técnicas de comunicación en
sí mismas, y CSCL se enfoca en lo que está siendo comunicado; CSCW es usado
principalmente en ambientes de negocios y CSCL en ambientes educativos; el propósito
de CSCW es facilitar la comunicación del grupo y la productividad y el
propósito de CSCL es ayudar o soportar a los estudiantes en aprender juntos
efectivamente. Ambos están basados en la premisa que los sistemas
computacionales pueden soportar y facilitar el proceso en grupo y las dinámicas
grupales en el sentido que no puedan ser alcanzadas por esquemas cara-a-cara,
pero que no están diseñadas para reemplazar la comunicación cara-a-cara. La
investigación en ambas áreas cubre no solo las técnicas de grupware sino
también aspectos sociales, psicológicos, organizacionales y de
aprendizaje."
(CSCL-Chile,
2003)
Lógicamente, el
aprendizaje colaborativo está en principio pensado para entornos educativos y
tiene como usuario al alumnado, con la mediación del profesorado. En el caso
del trabajo cooperativo, se da en el mundo empresarial, investigador, etc., y
también en la enseñanza, aunque en este caso quienes lo usan suelen ser
profesores, de cara a compartir recursos, generar materiales, coordinar experiencias,
etc.
Yannis Dimitriadis (Grupo
EMIC, 2003) nos ha hecho reflexionar sobre el uso de los ordenadores como
soporte para el trabajo colaborativo cuando no hay distancias de por medio: por
ejemplo, cuando la colaboración se produce entre grupos-clase que comparten
espacio pero no el mismo horario. Incluso, dentro de un mismo grupo-clase
presencial, los ordenadores, con las adecuadas conexiones, programas
informáticos y planificación didáctica, pueden aportar valores añadidos a la
relación cara a cara (sin necesidad de sustituirla), el facilitar:
o organizar
las aportaciones y conectarlas
o almacenarlas,
pudiéndose revisarse y reflexionar posteriormente
o monitorizarse
las intervenciones y el trabajo realizado
o evaluar
lo realizado
También pueden señalarse,
desde nuestro punto, algunos inconvenientes: la disminución de la emotividad y
el contacto directo, el posible rechazo por parte de los intervinientes, así
como una excesiva sensación (real) de vigilancia continua si hay una gran
monitorización. También puede resultar excesivo el encajonamiento del trabajo
del alumnado, si lo que se realiza debe encajar en esquemas previamente
diseñados por el profesorado (esto, como todo, puede ser una ventaja en ciertos
casos y bajo ciertas condiciones).
Algunas de las personas integrantes
del Grupo EMIC (Rubia et al., 2002)
han analizado su propia experiencia en el desarrollo de procesos y actitudes
colaborativas en la formación de ingenieros telemáticos, para lo cual han
aprovechado herramientas informáticas existentes y han ido creando otra nuevas.
Si el aprendizaje, dicen, ha de ser activo, constructivo, intencional,
articulativo, reflexivo, colaborativo y conversacional, la tecnología debe
utilizarse de tal forma que complemente los medios convencionales para:
"• Representar ideas
y conocimiento en el proceso de su construcción.
• Elaborar el conocimiento accediendo a información y comparando visiones o perspectivas.
• Representar y simular problemas reales y complejos.
• Colaborar, discutir y obtener consenso dentro del aula.
• Fomentar la articulación del conocimiento construido y la reflexión sobre el proceso que se ha seguido (nivel metacognitivo)."
• Elaborar el conocimiento accediendo a información y comparando visiones o perspectivas.
• Representar y simular problemas reales y complejos.
• Colaborar, discutir y obtener consenso dentro del aula.
• Fomentar la articulación del conocimiento construido y la reflexión sobre el proceso que se ha seguido (nivel metacognitivo)."
(Rubiaet
al., 2002)
Y sus conclusiones, al
analizar esta experiencia, indican que:
"que el desarrollo de
proyectos de formación apoyada en tareas colaborativas e intercambios
tecnológicos, ayuda a facilitar el proceso educativo desde una posición
crítica. Y que este efecto benéfico implica modificación de los esquemas
docentes, obligando al profesorado universitario a adoptar la posición de
facilitador crítico que ayuda y promueve la colaboración, así como el
desarrollo de actitudes y procedimientos igualmente colaborativos en sus
alumnos." (Rubiaet
al., 2002)
El uso de las TICs en la
sociedad actual y su potencial como herramienta de enseñanza.
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